Gente tóxica -Los envidiosos- Cap.2
Fábula de la serpiente y la luciérnaga
Una serpiente estaba persiguiendo a una luciérnaga. cuando estaba a punto de comérsela, ésta le dijo: «¿Puedo hacerte una pregunta?» La serpiente respondió: «en realidad nunca contesto preguntas de mis víctimas, pero por ser tú te lo voy a permitir.» entonces, la luciérnaga preguntó: «¿Yo te he hecho algo?» «no», respondió la serpiente. «¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?», preguntó la luciérnaga. «no», volvió a responder la serpiente. «entonces, ¿por qué me quieres comer?», inquirió el insecto. «Porque no soporto verte brillar», respondió la serpiente.
La envidia
Envidiar es una emoción que no sólo implica anhelar lo que la otra persona tiene, querer estar pasando por la misma circunstancia que el otro; el acto de envidiar implica mucho más: te coloca en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. La envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca tendrás lo que el otro posee.
Sin embargo, esto puede modificarse: si lo que te despierta envidia son los kilos que perdió tu compañera de oficina y tú estuvieras segura y convencida de que también podrías bajarlos si te lo propusieras, ¿tendrías envidia de ella? Si tu amigo consiguió un ascenso en el trabajo y tú supieras que haciendo tal o cual entrenamiento también llegarías a ese mismo nivel, ¿sentirías envidia de él? como puedes ver, se trata de emociones evitables que terminan lastimándonos y desenfocándonos de nuestros propios objetivos.
Son emociones que lentamente nos destruyen, sin darnos cuenta de que la procesión va por dentro, como dice un viejo refrán. enfado, dolor, ira y tristeza son sentimientos con los que nos encontramos al pensar que no hemos alcanzado lo que otros sí tienen.
¿Tiene sexo la envidia?
Envidia, ¿sana o enfermiza?
La envidia nos transforma en seres intolerantes respecto del éxito de los demás. Se sufre por tener menos dinero, menos felicidad que el otro. el objetivo es siempre tener «mayor cantidad» que la que el otro tiene, aun a costa del dolor y la infelicidad. Quien vive bajo estos conceptos sólo podrá ocupar el lugar de víctima, malgastando tiempo, en vez de vivir bien y permitir que el otro viva como mejor le parezca. Cuando se les pregunta a las personas si son envidiosas, suelen responder que sí, que algo de envidia padecen, pero que en realidad lo que sienten es una envidia sana y no enfermiza.
Sin embargo, muchas otras personas se enfrentan a diario a una envidia enfermiza, que sólo genera una continua desazón, infelicidad, frustración y dolor por no poder tener lo que el otro tiene o ha logrado, de forma que las inhabilita para ocuparse de lo que realmente merece su atención: ellas mismas y sus acciones. Envidias sanas o enfermizas, envidias ocultas o expuestas, envidias controladas o descontroladas, son envidias al fin; envidias que afectan nuestra estima y emociones y, en consecuencia, nuestros resultados.
No envidies, ¡Admira!
¿Qué sientes cuando otro te dice: «Me han aumentado el triple el sueldo», «estoy saliendo con un modelo que tiene casa, dinero y me trata bien»?¿te molesta que hablen bien de otro? ¿Qué sientes cuando otro se ha comprado un coche y a ti aún no te han concedido el crédito que necesitas para comprártelo?¿Envidia, tal vez?
Salomón, uno de los hombres más sabios de la humanidad, dijo: «La envidia corroe los huesos.»
Hay gente que se enferma, que sufre de artrosis, reumatismo y otras dolencias, debido a la envidia. aunque te parezca mentira, el origen de todas estas enfermedades muchas veces se encuentra en la envidia. La envidia siempre enferma, y no sólo enferma el cuerpo físico sino que también amarga el espíritu. El que te descalifica siempre tratará de buscar aliados: hablará con otros para envenenarlos, porque el envidioso no quiere que triunfes. aprende a escuchar lo que la gente dice.
Tanto el que te envenena como el que te descalifica tratará por todos los medios de que no alcances tus sueños, y se encargará de boicotear cada uno de tus proyectos. Su lema es: «Si yo no puedo, él tampoco.»
La envidia es un sentimiento destructivo. cuando tú eres el objeto de la misma, quien la siente es víctima de un deseo enfermizo de hacerte perder lo que has logrado. Si eres un hombre de éxito, siempre serás perseguido.
Sé inteligente, permanece alerta: cuando alguien prospera, mejora, avanza, siempre habrá alguien que estará mirando y envidiando su posición.Si el que envidia eres tú, si criticas, cuentas chismes o sientes celos, esto será evidencia de que aún no has recibido aquello que buscabas porque no estás habilitado ni capacitado para hacerlo. Necesitamos aprender a celebrar los éxitos ajenos. Si puedes hacerlo, significa que estás en condiciones de vivir bendiciones aún mayores, que están por llegar a tu vida. Cada logro de otra persona puede ser un desafío para ti.
El éxito del otro no debe ser motivo de envidia, sino fuente de inspiración. aprendamos a darle
un giro de 180 grados a este sentimiento que sólo nos destruye y nos enferma. El éxito del otro debe inspirarte, llevarte a que analices cómo lo hizo, cómo lo alcanzó. La gente envidiosa sólo mira el automóvil del otro, quiere el sueldo que el otro percibe, pero no se detiene a pensar qué es lo que el otro ha hecho para alcanzar todo esto; sólo ve el final, pero no tiene la capacidad de mirar el proceso.
Toda esta información y mucho más lo puedes encontrar en el libro del psicólogo y teólogo, Bernardo Stamateas en su libro GENTE TÓXICA.



